lunes, 13 de junio de 2011

Sean Nuestros Hijos


pintura de Carolyn Blish

Sean nuestros hijos como plantas
crecidas en su juventud,
nuestras hijas como esquinas
labradas cual las de un palacio
Salmo 144:12

Cuando somos padres o madres, la preocupación por los hijos ocupa una parte importante en nuestros pensamientos. En ocasiones, esa preocupación se convierte en ansiedad. Por eso es tan saludable traerlos ante el Señor de la vida.
Dios, que es Padre, acoge nuestro legítimo deseo de que nuestros hijos se vistan de honor y dignidad.


Los hijos como plantas. Quiero pensar que comparar los hijos a las plantas refuerza la idea que ellos no son una prolongación de nuestra vida, ellos tienen su propia identidad y ante Dios nuestra responsabilidad es proveer un suelo nutricio. Pero es  Dios quien da el sol y la lluvia que permitirá su sano desarrollo hasta convertirse en “árboles de justicia”.

Nuestras hijas como esquinas labradas. Nuestro hogar pasa a ser un palacio donde nuestras hijas tienen un lugar de honor. Ellas son las columnas que, además, embellecen la arquitectura del hogar.

Padres e hijos, somos familia; y las familias forman el pueblo de Dios. Un pueblo llamado a ser “plantío de Jehová, para su gloria” (Profeta Isaías)


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