viernes, 23 de marzo de 2012

Bendito



¡Bendito sea Dios,
que no echó de sí mi oración
ni de mí su misericordia!
Salmo 66: 20

No echó de sí mi oración ni de mi su  misericordia. Los días de temor, las horas de angustia ya han quedado atrás. El salmista reconoce la intervención de Dios Todopoderoso; no sólo es reconocimiento y alabanza también hay una expresión de profunda gratitud. El salmista dice ¡Bendito sea Dios!


Esta oración me recuerda aquella ocasión en que Jesús sanó a diez leprosos que le salieron al camino (Evangelio según San Lucas). De aquellos diez hombres, sólo uno regresó para dar las gracias.


¡Bendita sea la misericordia de Dios!


La madre enseña a rezar
Johan Georg Von Bremen



2 comentarios:

Francisco Mendez dijo...

La gratitud es la virtud que nos lleva a tomar conciencia de los dones que recibimos cada día, a valorar la generosidad del que nos los da y a mover nuestra voluntad para corresponder a estos dones, aprovecharlos, desarrollarlos y ponerlos al servicio de los demás. Debe nacer desde lo profundo del corazón
Recibimos estos dones y mucha veces, no lo agradecemos como si el mérito fuera nuestro.

Clarissa Rodriguez dijo...

Tienes mucha razón Francisco. Actuamos "como si el mérito fuera nuestro"; porque hay una tendencia a "creernos el cuento" de la autoestima, de que "el poder está en nosotros mismos".

Cultivar un hábito de gratitud a Dios, nos permite mantener nuestra confianza en su gran Amor, vivir confiadamente y con esperanza.
¡Bendito sea Dios, por su gran misericordia!

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