lunes, 6 de enero de 2014

Paz y quietud

Pidamos por la paz de Jerusalén:
«Que vivan en paz los que te aman.

Que haya paz dentro de tus murallas,
seguridad en tus fortalezas.»


Y ahora, por mis hermanos y amigos te digo:
«¡Deseo que tengas paz!»

Por la casa del Señor nuestro Dios
procuraré tu bienestar.

Salmo 122:6-9


Que vivan en paz los que te aman


La paz a la que se refiere el salmista y en general las Sagradas Escrituras, es un concepto mucho más amplio que lo que nosotros entendemos por paz - mucho más que la ausencia de conflicto u hostilidad: la paz, shalom, es el obrar de Dios en favor de sus hijos, en justicia, equilibrio, libertad, serenidad y armonía.

Paz  es la palabra usada por Jesús Resucitado cuando se encuentra con los suyos, cuando los límites humanos son traspasados por aquel que se levantó de entre los muertos para asegurar nuestra paz y con esa autoridad dijo: 
Mi paz les dejo, mi paz les doy. 
No la doy como la da el mundo 
(Evangelio San Juan 14:27)

Paz de Dios es la intimidad misma con Dios, donde somos aquietados porque Él se "hace cargo" de todas nuestras aprensiones, mientras trae salud a nuestra alma en el sentido más completo. 


Paz también es el tiempo del sosiego 
y la quietud a los pies de Jesús. 
Tenemos que reconocer que nos cuesta renunciar a la actividad y "entregarnos" al santo cuidado de Dios. Nos cuesta dar espacio para que Él se exprese y nos cuesta entregarle el control de nuestros conflictos más íntimos. 

Cada vez que nos acercamos al altar de la adoración a Dios, o cada vez que nos disponemos a la oración, nuestro diálogo interno continúa activo porque nos es muy difícil abandonar la "conversación" con nosotros mismo y, traer la dispersión de nuestros pensamientos a la sujeción de Dios para enfocarnos en el Dios de Paz.

El canto de los ángeles anunciando paz al mundo, por el nacimiento del "Príncipe de Paz", es la gran señal que nos enseña que la verdadera paz viene del cielo. Es un regalo de Dios para toda la humanidad, para todo ser humano que está dispuesto a recibirlo.
Es verdad que no hay condiciones o "prerrequisitos" para disfrutar la Paz de Dios; tan verdad como que no se consigue sin acercarse a Él, sin pedir de su paz, sin el anhelo profundo de vivir en la Paz de Dios.  

Y procurad la paz de la ciudad 
a la cual os hice transportar, 
y rogad por ella al Señor; 
porque en su paz 
tendréis vosotros paz.
Libro del Profeta  Jeremías 29:7


3 comentarios:

Rosa dijo...

Qué bonito, también te lo deseo, querida amiga; la verdadera paz viene del cielo, así es...

Un beso muy grande.

Clarissa Rodriguez dijo...

La paz también es belleza.
El profeta Isaías dice:
¡Qué hermosos son, sobre los montes, los pies del que trae buenas nuevas; del que proclama la paz...!
Y aunque quizás nunca sabremos que es lo que hace hermosos esos pies, sólo me queda pensar que si seguimos las huellas del gran Maestro de Galilea, nuestros pies adquirirán algo de aquella belleza... mientras seguimos caminando y proclamando la paz verdadera.

Paz de Dios para ti, compartiendo el camino, querida Rosita

Mariana dijo...

Clarisitaaaaa, te extraño tanto amiga querida, pensar que hace 10 meses atrás estabas con nosotros, es una tristeza para mi y se que alegria también que ya estas en el paraíso
un abrazo eterno hasta el más halla! !

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