miércoles, 27 de marzo de 2013

Sencillez y humildad

Encuentros con Jesús
el Salmo de la Vida


El Señor exalta a los humildes
y humilla a los impíos
hasta la tierra.
Salmo 147: 6

Los discípulos de Jesús se preguntan entre ellos 
-¿Quien es el mayor...?
¿Quién es el más importante...?
Jesús los confronta con firmeza y les dice: "si no os volvéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos"

Creo que es relevante entender un poco del contexto histórico en que se produce este diálogo. En ese tiempo, los niños no eran considerados personas, apenas si tenían significación dentro de la familia. No había métodos anticonceptivos, tampoco planificación familiar; sin antibióticos ni protocolos de asepsia los niños nacían con muy pocas expectativas de vida. Reconozco que me cuesta entrar en este escenario, especialmente cuando nuestros niños, a muy temprana edad, disfrutan de enseñanza sistematizada, la gran mayoría de los gobiernos desarrollan políticas de protección a la niñez y hasta se habla de los Derechos del Niño. Para nosotros los cristianos, incluso un nonato, o un embrión en gestación, es vida que se debe proteger.
Todo esto hace que la afirmación de Jesús sea muy dura. Es una llamada de atención.

Una de las características de los niños que hemos olvidado, los adultos,  es esa capacidad para confiar y jugar alegremente. Un niño cuando despierta por la mañana lo primero que hace es buscar a sus padres; sin importar la hora su única preocupación es disfrutar el día; si necesita algo sólo lo pide y, aun cuando sean disciplinados, rápidamente recobran el buen ánimo y el deseo de jugar.

Nuestra vida de adultos se construye sobre una serie de supuestos, paradigmas y convenciones universales que van inhibiendo nuestra capacidad de "volvernos como niños". Nuestras capacidades lúdicas se van atrofiando, porque estamos muy ocupados en cosas muy serias. La curiosidad, la sencillez, la alegría, la confianza  parece que no pueden convivir con la madurez.

Jesús nos invita a recuperar esa perspectiva ingenua y confiada de la vida, la de nuestra propia  niñez, dejando atrás la pre-ocupación, la amargura, las dudas. Desde mi punto de vista, lo podemos lograr, cuando entramos en una dependencia con el Señor, "como niños",  y nuestras emociones descansan en su regazo; cuando la pregunta no es ¿Quién es el mayor...? sino ¿Quién es el Señor para mi...? 

Foto de: Saptarshi Chakraborty

Puedes leer el relato de este encuentro
en: San Mateo cap. 18 
San Marcos 9: 33-37
San Lucas 9: 46-48

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