miércoles, 11 de diciembre de 2013

Un Niño nuestro



Porque un Niño nos es nacido,
Hijo nos es dado, y el principado
sobre su hombro, y se llamará
su nombre Admirable, Consejero,
Dios Fuerte, Padre Eterno,
Príncipe de Paz
Libro de Isaías 9:6


Y la profecía se cumplió, en un humilde pesebre, junto a personas sencillas. Cada vez que recordamos el nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios, parece resonar la voz del salmista:
¿Quién es este Rey de gloria?
Es Señor, el fuerte y valiente...
¡Él es el rey de la gloria!
Pintura: Joseph F. Brickey



Romance de Navidad
Gabriela Mistral

Vamos a buscar
dónde nació el Niño:
nació en todo el mundo,
ciudades, caminos...

Tal vez caminando
lo hallemos dormido
en la era más alta
debajo del trigo...

O está en estas horas
llorando caidito
en la mancha espesa
de un montón de lirios

A Belén nos vamos.
Jesús no ha querido
estar derramado
por campos y caminos

Su madre es María,
pero ha consentido
que esta noche todos
le mezcan al Niño.

Lo tiene Lucía,
lo mece Francisco
y mama en el pecho
de Juana, suavísimo.

Vamos a buscarlo
por esos caminos:
¡todos en pastores
somos convertidos!

Gritando la nueva
los cerros subimos
¡y vivo parece
de gente el camino!

Jesús ha llegado
y todos dormidos
esta noche sobre
su pecho ceñidos.

martes, 10 de diciembre de 2013

Para todos



Pero el ángel les dijo: No temáis; 
porque he aquí os doy nuevas de gran gozo,
que será para todo el pueblo
Evangelio según San Lucas 2:10

El mensaje que recibieron los pastores, de parte de Dios, a través de los ángeles, es un mensaje universal. Es un mensaje que contiene las palabras claves del Amor de Dios, un amor que acoge y entiende las emociones humanas más antiguas: el temor y la ansiedad.

El Apóstol Juan dice en su primera carta: En el Amor no hay temor, sino que el perfecto Amor echa fuera el temor - (1°Juan 4:18 ).  El perfecto Amor es el Amor de Dios personificado en su Hijo Jesús, que vino para mostrarnos esa dimensión eterna y santa, donde no hay espacio para el temor y la ansiedad. 

Antes de este anuncio a los pastores, sólo un puñado de hombres conocieron con entera claridad, el significado del Amor de Dios. Pero esta vez, el Amor es derramado, sin fronteras, por toda la humanidad.

Junto al salmista podemos cantar:
El Señor es mi luz y mi salvación;
¿De quién temerée?
El señor es la fortaleza de mi vida;
¿De quién he de atemorizarme?
Salmo 27.1

lunes, 9 de diciembre de 2013

Encuentro glorioso

Hemos vivido el segundo domingo de Adviento, 
y es como detenerse un momento en una estación, 
para seguir nuestro viaje con más devoción 
y más expectativas por la celebración 
que se avecina. 


Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que 
los pastores les decían.
Evangelio según San Lucas 2:18



Esta semana recordamos la presencia de los pastores, en la escena de aquella primera Navidad: privilegiados espectadores de la gloria de Dios sobre la tierra,  grandes invitados al lugar santo en el pesebre de Belén, protagonistas activos en la 
adoración al santo Niño.

El impacto de la experiencia que vivieron aquellos pastores, es imposible que no haya cambiado sus vidas. Es probable que no terminaran jamás de narrar todo lo que vieron y escucharon. La bendición de haber presenciado la gloria de Dios, se multiplicó  y se derramó  sobre aquellos que escuchaban sus relatos;  amigos, vecinos y familiares supieron de primera fuente cada detalle  y se maravillaron de lo que los pastores les decían.

Lo maravilloso para nosotros hoy, al recordar la experiencia de aquellos sencillos hombres, es darnos cuenta que los tesoros más profundos y gloriosos del Reino de Dios están al alcance de todos, aún de los que menos recursos tienen.

Cantemos junto a los pastores y junto al salmista:
Bendito Su nombre glorioso para siempre,
y toda la tierra sea llena de Su gloria.
Amén y Amén.
Salmo 72:19

Pintura: Guido Reni


domingo, 8 de diciembre de 2013

Dignidad y trabajo



En los relatos bíblicos del nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios, se nos dice muy poco de José, el carpintero de Nazaret, escogido por Dios para dar una familia al santo Niño. Pero sin duda fue un hombre extraordinario, con una fe sólida en Dios,  que estuvo dispuesto a asumir la misión de confianza que Dios mismo le encomendó. Su fortaleza espiritual, su dignidad como trabajador, sus brazos fuertes son parte de su linaje, porque él era descendiente del rey David. José fue por sobre todas las cosas, un obrero dispuesto, 
sin reservas para Dios.

El poeta José María Hernández Nieto escribió unos versos memorables para honrar al Carpintero de Nazaret. Tengo aquí un fragmento del poema:

María, en Nazaret, era la esencia

purísima del júbilo y del gozo;
y tú, el callado manantial, el pozo
donde bebía el sol su transparencia.

María era la flor de la ternura,
el vuelo angelical de la paloma;
y tú, José, el regazo de su aroma,
el íntimo caudal de su hermosura.

María era la mar de la belleza,
la inmensidad de Dios que se hizo esposa;
y tú, José, la playa silenciosa
bañada en pleamares de pureza.

María era el Amor que halló cobijo
en la flor virginal de su regazo;
y tú, José, el aliento y el abrazo
donde aprendió su humanidad el Hijo.

María era la madre que sabía
cuidar la casa, preparar la mesa;
y tú, José, el camino, la promesa
de hacer de Dios un Hombre cada día.
...


En muchas oportunidades, especialmente en los grandes eventos, hay protagonistas que "se roban la película". Pero ante Dios cada persona es valiosa y tiene un rol importante. Hombres y mujeres son llamados por Dios a desempeñar, con santa dignidad, con fe y alegría, las tareas que Él nos encomienda, aun aquellas que nos parecen mínimas y humildes.

Digamos junto al salmista:
Que el Señor nuestro Dios nos dé
su aprobación
y haga que nuestros esfuerzos prosperen;
si,  ¡Haz que nuestros esfuerzos prosperen!
Salmo 90:17


(El poema completo, de José María Hernández Nieto lo puedes encontrar
en la página de mi querida amiga Rosita, de su blog Cocina Y Cultura)

sábado, 7 de diciembre de 2013

Memoria espiritual


fragmento del relato del nacimiento de Jesús,
el Hijo de Dios
Cap. 2 del Evangelio según San Lucas:

Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret,
a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén,
por cuanto era de la casa y familia de David;
para ser empadronado con María su mujer,
desposada con él, la cual estaba encinta.
Y aconteció que estando ellos allí, 
se cumplieron los días de su alumbramiento.
Y dio a luz a su hijo primogénito,
y lo envolvió en pañales, y lo
acostó en un pesebre,
porque no había lugar 
para ellos en el mesón
Evangelio según San Lucas 2: 4-7

El capitulo 2 del Evangelio según San Lucas es rico en detalles, hermosamente relatados, del nacimiento de Jesús.  Por este relato podemos entender que María había considerado la posibilidad de que su Hijo naciera durante este viaje que realizaban y seguramente llevaba consigo pañales, un gesto de tierna preocupación materna.
Aun así, ella estaba fuera de su casa, lejos de sus parientes y familiares, sin ningún tipo de comodidad, confiando únicamente en el cuidado de Dios.

Belén nos recuerda que Dios actúa de las maneras más insospechadas. El Señor está y actúa conforme a sus propósitos, aun cuando no sea evidente su accionar.
Al nacer el Niño, ellos fueron sorprendidos por la gloria de Dios y sus corazones humildes y piadosos, asombrados y conmovidos tienen la certeza de la cercanía de un Dios y Padre, poderoso y eterno.

La frase más hermosa de todo el relato, casi 
escondida y al pasar dice:
"Pero María guardaba todas estas cosas, 
meditándolas en su corazón"
La Bendita Virgen María, con su silencio estaba construyendo su propia memoria espiritual, aquel lugar personal donde quedan los fundamentos de nuestra fe y nuestra confianza en Dios. Un pequeño jardín del alma donde meditamos para encontrarnos cara a cara con nuestro Padre Dios.

Junto al salmista nosotros podemos decir:
En la hermosura de la gloria de tu magnificencia
y en tus hechos maravillosos meditaré
Salmo 145:5

Dibujo de Marcos Rey

viernes, 6 de diciembre de 2013

Pequeños detalles de una gran historia



Pero tú, Belén Efrata, 
tan pequeña entre 
las familias de Judá,
de ti ha de salir el que será 
Señor en Israel,
sus orígenes se remontan
al inicio de los tiempos,
a los días de la eternidad
Libro de Miqueas 5:2


He traído este párrafo de la antigua profecía del Libro del profeta Miqueas para recordar que Dios preparó cada detalle en el desarrollo de la historia del Mesías, una historia que no se termina de contar. 
La tradición cuenta que Miqueas era un campesino de finales del siglo VIII a.C. y que fue contemporáneo de los profetas Isaías, Oseas y Amós. Lo más relevante es que es citado en el Evangelio según San Mateo (Mateo 2:6)  como profecía del lugar de nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios.

Cuando los santos viajeros, José y María, se dirigían a la pequeña Belén, su lugar de origen, por ser descendientes de la familia de David, estaban tratando de cumplir lo dispuesto por la autoridad política de su época. Se trataba del censo del que hace mención el Evangelio según San Lucas (cap. 2). Pero ese simple hecho da paso al cumplimiento de la profecía de Miqueas. En esos momentos es probable que José y María desconocían la importancia espiritual de llegar a Belén. Lo que ellos hacían era tan sólo vivir con paz y quietud en medio de sus circunstancias y contratiempos, sabiendo que la mano de Dios, aunque invisible, siempre está presente.

Nosotros también, hoy podemos descansar sabiendo que nuestro mundo no está fuera de control. Dios, en su eternidad, continua siendo el Señor de los tiempos, de las naciones y de nuestras circunstancias personales. El salmista lo dice muy bellamente.

Estad quietos,
y conoced que Yo soy Dios;
Seré exaltado entre las naciones;
enaltecido seré en la tierra
Salmo 46:10

Pintura: "Journey to Bethlehem"
Joseph F. Brickey

jueves, 5 de diciembre de 2013

En humildad




He aquí mi siervo, yo le sostendré;
mi escogido,
en quien mi alma tiene contentamiento;
he puesto sobre él mi Espíritu;
Él traerá justicia a las naciones.
No gritará, ni alzará su voz, 
ni la hará oír en las calles.
No quebrará la caña cascada, 
ni apagará el pábilo que humeare;
por medio de la verdad
traerá justicia.
Libro de Isaías 42:1-3


Este pasaje, tomado del Libro de Isaías, pertenece al contexto de los cantos que el Profeta escribió y que retratan, sin duda alguna, la figura de Jesucristo como el Gran Redentor de su pueblo 
y de la humanidad.

Llama la atención las expresiones que destacan la mansedumbre, humildad y el carácter pacífico del "Siervo del Señor". Es el "Escogido de Dios", el Enviado, y sin embargo no usa su poder o su autoridad para imponerse. No es un acusador sino más bien alguien que da oportunidades, que espera, perdona y rescata. 
Al examinar los relatos de los Evangelios nos damos cuenta que esta profesía se cumplió por completo, en la vida y obra de nuestro Señor Jesucristo durante su permanencia en las tierras de Palestina, desde su nacimiento hasta el fín de sus días allí, desde el pesebre hasta la cruz, terminando con su resurrección para volver, en forma gloriosa, al lado del Padre.

Este Siervo Sufriente es el mismo Rey justo del que 
nos habla el Salmo 72:
Él librará al menesteroso
que clame
y al afligido que no tenga
quien le socorra.
tendrá misericordia
del pobre y del menesteroso;
salvará la vida de los pobres.
Salmo 72:12,13

Pintura: Cicely Mary Barker

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