viernes, 4 de mayo de 2012

Corona



Porque le has salido al encuentro
con bendiciones de bien;
corona de oro fino
has puesto sobre su cabeza.
Salmo 21: 3

Le has salido al encuentro con bendiciones de bien. Es conmovedor meditar en estas palabras que nos hablan del santo amor de Dios. Cuando Él sale al encuentro es que se ha anticipado, ha preparado con anticipación la bendición. Si la palabra bendición es en si misma sinónimo de un deseo benigno, bendiciones de bien es la concreción de esos deseos.

Muchas de las bendiciones con las que contamos en nuestra vida cotidiana, no las hemos pedido ni las hemos buscado; como por ejemplo el don de la vida. En este salmo encontramos una gran afirmación: el tiempo de la tristeza tiene un límite, la espera tendrá un final feliz. Dios nos extiende sus brazos amorosos y están cargados de bendiciones de bien. 

Corona de oro fino has puesto sobre su cabeza. Jesús llevó una corona de espinas y ahora nosotros tenemos acceso a su reino eterno. El oro ha sido refinado.

Vivir en el Reino de Dios significa depender de las bendiciones de bien que Dios nos tiene preparadas de antemano, con la dignidad que nos ha otorgado Jesús a través de su sacrificio en la cruz. 

Fotografía de la cruz de Bergen Belsen

jueves, 3 de mayo de 2012

Esperar y confiar




Guarda silencio ante Jehová
y espera en Él.
No te alteres con motivo
del que prospera en su camino,
por el hombre que hace lo malo.
Salmo 37: 7

Guarda silencio ante Jehová. Hay momentos en que, por duro o difícil que nos parezca, es necesario enmudecer y callar.  Especialmente cuando, como en este caso, hemos caído en la queja y las murmuraciones.

No te alteres con motivo del que prospera en su camino. Hay un dicho popular según el cual "siempre es más verde el césped del vecino". Somos ciegos a las bendiciones de Dios en nuestra propia vida y nos desgastamos mirando y deseando lo que otros han conseguido. Pensamos en los buenos dividendos que ellos obtienen con menos rectitud y lejos de Dios. 

El salmista nos aconseja espera en Él. Esperar en el Señor es confiar en su bondad, en sus promesas y en su misericordia. En las palabras del mismo salmista "los que esperan en Jehová heredarán la tierra"; la tierra de la riqueza espiritual, la tierra bendita de su justicia.

Fields - 1877
Camille Pissarro

miércoles, 2 de mayo de 2012

Tú sabes



Tú sabes mi afrenta,
mi confusión y mi oprobio.
Delante de ti están 
todos mis adversarios.
Salmo 69: 19


¿Habrá algo que Dios no sepa, o algo que escape a su dominio?


Esta es una oración en medio de la aflicción. Oramos no porque tengamos que poner al tanto a Dios de lo que nos ocurre. Lo hacemos porque reconocemos su soberanía, su bondad y su misericordia y también porque esperamos su intervención divina.
Todo queda depositado ante su altar: nuestros temores, angustias, soledad, indefensión, confusión, vergüenza y toda la gama de emociones que nos invaden cuando nos sentimos amenazados y en peligro.


El Apóstol San Pablo, escribiendo a los efesios dice que Dios es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos.


¡Oh Señor, Tu lo sabes todo!
¡Tu sabes cuánto te necesitamos!

The sinner
John Collier

martes, 1 de mayo de 2012

Serenidad



Jehová es mi luz
y mi salvación
...
Aunque un ejercito acampe
contra mi.
no temerá mi corazón;
aunque contra mí
se levante guerra,
yo estaré confiado
Salmo 27: 1, 3


La fe y la confianza en Dios nos permiten tener la serenidad, la tranquilidad y la sabiduría necesarias para enfrentar nuestras luchas diarias, las pequeñas o grandes batallas de lo cotidiano.  Esa serenidad se sustenta en la santa protección de Dios que, cuando estamos en dificultades nos deja sentir su escudo potente y cuando estamos contentos, viene a completar nuestro gozo con su bendición.


¡Jehová es mi luz y mi salvación!

Marine
Leon Spilliaert

lunes, 30 de abril de 2012

Exaltado



¡Exaltado seas, Dios,
sobre los cielos!
¡Sobre toda la tierra
sea tu gloria!
Salmo 57: 11


Nuestro Dios es el único que merece ser exaltado sobre todo lo creado, en los cielos y en la tierra. Exaltar a Dios es la más sublime forma de alabar a Dios. Es santa adoración. Lo adoramos con todo nuestro ser, más allá de las palabras y del canto; más allá de sus hazañas o de sus obras; lo exaltamos por lo que Él es, por sus santos atributos, por su poder y grandeza.


¡Exaltado seas, Oh Dios!


Pintura: James Sant

domingo, 29 de abril de 2012

Se complace




Se complace Jehová
en los que lo temen
y en los que esperan 
en su misericordia
Salmo 147: 11



Se complace Jehová en los que lo temen y en los que esperan. Hay una hermosa relación entre el temor y la esperanza. Es un perfecto equilibrio: el temor hace sobria la esperanza; la esperanza fortalece el temor de Dios. La esperanza sin temor podría volverse superficial y volátil, en tanto el temor sin esperanza se convertiría en miedo y oscuridad.


Dios, tal como haría un padre con sus propios hijos, mira con agrado a sus amados, cuya devoción se manifiesta en temor y esperanza. Teme quien se reconoce separado de Dios por el pecador, pero cree y espera en la misericordia de Dios Todopoderoso.


Ilustración de Jessie Willcox Smith


sábado, 28 de abril de 2012

Sálvame Oh Dios



¡Sálvame, Dios,
porque las aguas han entrado
hasta el alma!
Estoy hundido en cieno profundo,
donde no puedo hacer pie;
he llegado hasta lo profundo
de las aguas
Salmo 69:1,2


¡Sálvame, Dios...! Todas las expresiones en este verso nos hablan de la angustia del salmista. Un momento de extrema aflicción. Un clamor desesperado.


Existen muchas razones por las cuales el terreno que pisamos se vuelve cieno profundo. Pueden ser dudas que se apoderan del alma, otras veces es ansiedad que nos roba la confianza o quizás sencillamente nos dejamos atrapar por la contingencia diaria. El cieno representa lo sucio del pecado, cuando dejamos de lado la Ley de Dios.


Pero nuestro amoroso Señor es capaz de perdonarnos y socorrernos, como cuando Pedro, el discípulo, comenzó a hundirse mientras caminaba sobre las aguas y gritó "¡¡Señor, sálvame!!" (Evangelio según San Mateo).


Una vez más el salmista nos enseña que podemos decirle a nuestro Dios, con toda honestidad, cómo nos sentimos; podemos elevar una súplica, un ruego, un clamor y Él está dispuesto a socorrernos. Verbalizar esta súplica es también creer en su bondad y reconocer que Dios es Todopoderoso.


Imagen del fotógrafo italiano Ugo Mulas

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